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Herético ex professo

Como era febrero, se respiraba el aire festivo que traen consigo los carnavales. El vocerío pluriforme de la muchedumbre por momentos breves cesaba en su desorden para adoptar un coro antifonal - "van bien, muchachos, van bien"- al tiempo que las palmas pretendían sustentar el ritmo del profuso canto. Con el brío que se cubren los atletas al competir, el avance impasible de la energía juvenil se eleva por los aires y en un ritual sobriamente calculado en espacio y tiempo, sobreentendido por reglas limitadas por el sonido de un silbato, se acata una orden gesto espacial aprobada por aplausos o rechazada por rechiflas. Es la expresión en conjunto de los que sueñan con ser héroes, de los que añoran alguna forma de redención más expedita que las prometidas en los volantes cristianos, de los que deciden amparar sus formas de combate en los incesantes ciclos de respiración artificial como mecanismo de existencia. Balones vuelan en dirección al cielo, perseguidos con vehemen…

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